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sobre de madera rosa


Tengo un mandala
pintado en Jaipur
bajo un vaso con agua con dos gotas de gin
Una trampa cazadora de espíritus del Japón
y un espejo que atesora el origen del sueño
Una muñequita vudu
con los miembros zurcidos con pelo de cabra negra
Una pulsera con semillas sagradas
florecidas y perfumadas
Tengo un manuscrito
sin rótulos ni tapas
con grabados de una mujer partida en tres
Una mascara del Durbán
y una rueda mágica enlazada a un asno
Una falda turca de un ajuar
y un retrato grabado sobre madera rosa
Serenidad escrito en una lengua muerta
con sangre de niño y de casadera
Y sobre un formidable insecto embalsamado
con los ojos picados por querer aparearse
Con las alas cuarteadas y todavía con sangre
una imagen tuya conmigo fuera de plano.

de Gabo Ferro

caballo de cartón



de Joaquin Sabina

Cada mañana bostezas, amenazas al despertador y te levantas gruñendo cuando todavía duerme el sol, mínima tregua en el bar, café con dos de azúcar y croissant, el metro huele a podrido, carne de cañón y soledad. Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal, ¿Dónde queda tu oficina para irte a buscar? Cuando la ciudad pinte sus labios de neón subirás en mi caballo de cartón. Me podrán robar tus días… tus noches no. Que buena estás corazón, cuando pasas grita el albañil el obseso del vagón se toca mientras piensa en tí, la voz de tu jefe brama “estas no son horas de llegar” mientras tus manos archivan tu mente empieza a navegar. Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal, ¿Dónde queda tu oficina para irte a buscar? Cuando la ciudad pinte sus labios de neón subirás en mi caballo de cartón. Me podrán robar tus días… tus noches no. Ambiguas horas que mezclan al borracho y al madrugador, danza de trajes sin cuerpo al obsceno ritmo del vagón, hace siglos que pensaron: “las cosas mañana irán mejor” es pronto para el deseo y muy tarde para el amor. Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal, ¿Dónde queda tu oficina para irte a buscar? Cuando la ciudad pinte sus labios de neón subirás en mi caballo de cartón. Me podrán robar tus días… tus noches no.


Kevin Johansen + Liniers







Cantar, dibujar, escuchar, contemplar, bailar, reir, tomar una cervecita with my little friend, sacar algunas fotos: cosas que se hacen en junto a Kevin Johansen y su banda The Nada sumando los dibujos que Liniers realiza vivo.

Atahualpa por Kevin Johansen

A los 100 años del nacimiento de Atahualpa Yupanqui, y organizado por la Biblioteca Nacional, Kevin Johansen tocó algunos temas y leyó poesía del gran intérprete y escritor argentino.



El audio no es de lo mejor (fue grabado por mi humilde mp3), pero estuvo realmente bueno. que lo disfruten!!!!

Atahualpa por Kevin Johansen

El bandoneonista, la astróloga y L.P.


1 La noche en Buenos Aires era húmeda. Pasamos junto al Británico y luego ingresamos al Centro Cultural Torcuato Tasso, donde nos aguardaba la magia del músico Dino Saluzzi.

Nos ubicaron en una mesa del costado del pasillo, a mitad de camino entre el escenario y la barra del fondo, donde mozos y apurados comensales buscaban a tientas el baño. Antes que L.P. ordenara una botella de vino, fue hasta la mesa que estaba delante nuestro a saludar un conocido. El hombre tenía el pelo grisáceo y desordenado e iba acompañado de una mujer que estaba de espaldas a mí. Después de palabras de ocasión mi amigo volvió y pedimos de beber. El show estaba por empezar.

2 Bajaron las luces, se hizo un breve murmullo y Saluzzi entró en escena. Antes de comenzar a tocar, agradeció a los presentes, al sonidista y a Ludovica Squirru, que estaba con el hombre del pelo grisáceo en la mesa delante de nosotros.

3 El recital se desarrolló por los carriles a los que nos tiene acostumbrados el bandoneonista Dino Saluzzi. La fusión de tango, de folklore y de jazz se hizo sentir en el ambiente. Por tratarse del Tasso, predominó el tango entre las interpretaciones, pero no faltaron chacareras, pero tampoco relatos sobre el exilio, bromas y un pequeño homenaje a Gardel.

4 Un largo aplauso como despedida. Afuera, la noche seguía siendo húmeda. Quizás era el empedrado, los edificios viejos o la luz amarillenta del Parque Lezama, pero San Telmo tenía un aire melancólico de noche. Nos fuimos caminando despacio por Defensa, hablando de música, buscando la aventura de la vida.





No Avestruz fue el lugar. Edgardo Cardozo, Juan Quintero y sus guitarras llenaron el rústico escenario, además de la excelente iluminación y el sonido. En un clima íntimo se desarrolló el pequeño concierto. La música y las letras maravillosas llenaron el lugar de magia que nos roba la gran urbe. "Platónico", "Prisionera", La ventana" fueron algunos de los temas. Hubo bises, empanadas caseras, copas de vino tinto y cerveza alemana.