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Kevin Johansen + Liniers







Cantar, dibujar, escuchar, contemplar, bailar, reir, tomar una cervecita with my little friend, sacar algunas fotos: cosas que se hacen en junto a Kevin Johansen y su banda The Nada sumando los dibujos que Liniers realiza vivo.

le jours avec mon ami




Bailan. La música es la forma, ellos el contenido. Les jours tristes ya pasaron. Bailan. Ella está feliz. A él le agarra la melancolía en la felicidad. Ella que ha viajado a su tierra, dice Botero los pintó una vez. Él está tumbado sobre el césped, callado, mirada perdida, de los que han estado escuchando; ella le acaba de contar una historia -quizás de amor- y luego bebe.

amigos en el fondo de la calle


La amistad es una disparidad en sí misma; cansada y radiante, JF está sentada con una copa verde en la mano y la mirada perdida en un punto incierto mientras me cuenta sus historias de amor, sus sentires apasionados (no se lo digo, estas cosas no hay que decirlas, pero es una maravillosa loca de amor); en cambio, LP por momentos parece estar despegado de la vida -"soy El extranjero como vos decís", me dice-, pero descubro con el tiempo alguna de sus pasiones; el error consiste en que uno lo ve ahí sentado leyendo sereno en medio del mate, revistas, diarios y libros que se apilan aquí y allá, el desorden es tal que llego a creer que tiene una razón y hasta una justificación, y ver que en ese gesto sereno no hay pasión uno se equivoca; la existencia no admite pausas y estos dos grandes amigos son también dos grandes apasionados, tienen su estilo, su forma de moverse, su temple, su pliege y su despliege, son buenos (excelentes en realidad) en lo suyo y cada uno a su manera deja su huella en mi cada día.

(com)partidos


Caminé. Tomé prestada una lágrima de un amigo un día de alegría. Supe del silencio y contemplé los días grises con la desilusión de los que terminan algo. Fabriqué sueños posibles, que luego resultaron vanos. Recolecté miradas en una noche oscura. Inventé palabras cuando no tenía con quien utilizarlas. Llore sin ganas, sonreí sin felicidad y hasta olvidé momentos que nunca había vivido. Sin embargo, me di cuenta que faltaba mucho para el final, y eso era sólo un comienzo más.

escrito en colaboración con Juliana F.

La Luna


1 Hubo un tiempo en que los seres del Blog del fondo de la calle elegían La Luna para pasar el final de su jornada. Bar pintoresco y avejentado, la Luna supo reunir entre sus mesas a L.P., gran intelectual amante de la música y de los clásicos de la literatura; a La Mujer que Hablaba del Amor, que iba allí a contar sus penas y aciertos de amor; a Marlowe que pasaba y tomaba una copa rápido, ya que andaba siempre al acecho de peligrosos hombres oscuros.

2 La Luna había ganado fama por ser el bar que atraía a todos los poetas de la geografía porteña, que buscaban inspirarse entre sus paredes descascaradas y mozos hinchas de Atlanta. Hoy en día, si uno pasa por Warnes y, pongamos por caso, pregunta por L.P., los parroquianos fingen no conocerlo e, incluso, niegan con cierta virulencia que en aquellas mesas se halla escrito alguna vez un verso triste.

lunas de papel


Se maravilló con la luz que entraba por la ventana. Era la luna una figura que alumbraba por gracia de otro. Le gustaba mirar a las mujeres de rostros pálidos y pensamientos tristes al abrigo nocturno. Le gustaba sentir sus amores y dolores. Se dejaba llevar por los sentires de esos otros seres. Un día se dio cuenta que la noche estaba oscura. No había luna. Fue entonces cuando tomó papel y lápiz y empezó a dibujar pequeñas y grandes lunas. En cada papel había una luna diferente. Se abrigó y salió a la calle a repartir lunas entre la gente que caminaba por ahí.

escrito en colaboración con JF