
Afuera llueve. Ella está a la intemperie con su dolor reciente. Hoy es uno de esos días, donde se derrumba en cualquier esquina, donde se convierte en un terreno baldío.
"De un hombre que cabecea, entonces, ¿qué se puede esperar? Nada como no sea una hilera de fragmentos, espesos, en brutos. Que el mundo resplandezca en ellos, si uno de los modos del mundos es el resplandor" (Juan José Saer, "Carta a la vidente").
En vida construyó médanos de sal y faros con luciérnagas. En invierno iba a visitar a los Payasos Tristes, y volvía con bolsas de caramelos y versos que lo hacían llorar en el colectivo. Conoció el amor y sus costumbres: las miradas, las cartas de amor eterno, los desencuentros, los besos robados en las calles oscuras.
Hoy sólo recuerda, cuenta exageradas historias de juventud y visita los sueños de propios y extraños.