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escrituras



Los corazones rotos, las lunas nuevas, los papelitos escritos en los bolsillos. El encanto de las noches en los bares alegres. Los silencios de las historias tristes, las pérdidas en las multitudes grises que colman ciudades imaginarias.
La respiración.
La libertad.

siendo mirando


Los lugares que habitamos, los objetos de los cuales hacemos nuestro mundo, las personas que nos rodean. Todo aquello lo podemos atrapar en el juego ilusorio del lenguaje. Queremos contenerlas en palabras, porque se nos escapan, se nos fugan, se nos pierden en la infinidad sentidos. Fijamos lo imposible. Nos detenemos en cualquier lugar. Alguien pasa y nos mira y nos congela; somos meros objetos para él. "Somos mirados en un mundo mirado", dice Sartre. Pero, así y todo, nos fugamos como las cosas en la multiplicidad del mundo. Escapamos de las miradas por miedo a no ser. Y así vamos por la vida. Siendo, mirando, tratando de seguir en la inmensa libertad de la que somos capaces.

deconstructing me


Ando por las calles porque quiero entender mi forma de caminar. En el cuerpo llevo un abrazo, un beso y una forma de ver el mundo. Nada más. Recibo postales de las tardes de otoño, leo en el rostro de las personas la alienación cotidiana (soy uno de ellos, no lo niego) y vago por la ciudad de la nada. Discurro por las calles como el lenguaje en el pensamiento; desordenado, tomo atajos, construyo líneas de fuga, me inscribo, me voy por la tangente, me deconstruyo en mis (limitados) escritos, me multiplico en reglones, me desaliño, “soy lo que no soy” y “no soy lo que soy”, corro para quedarme en el mismo lugar; y por las noches me tumbo en cualquier lugar, a respirar, a pensar, a ver de cuánta libertad soy capaz.

Simone


Para J.F. en la alegría y en la tristeza

Siempre había dicho que quería ser una escritora. Era la forma adecuada de dar testimonio del mundo, que es uno con nosotros. “La literatura tomó en mi existencia el lugar que había ocupado la religión; ella lo invadió todo y lo transfiguró” dijo alguna vez Simone de Beauvoir.

Simone construyó con Sartre una pareja abierta, con un vínculo inquebrantable, cuyas “reglas” se resumían en: viajes, poligamia y transparencia total. “La felicidad nunca cae del cielo”, es el hombre y la mujer quienes la construyen en el desgarro que implica vivir.

Siempre atenta, sincera, insoslayable, fue durante décadas el símbolo (pero también materialidad) de la lucha de la libertad de la mujer; sobre todo con la escritura de El segundo sexo (1949), “ese faro que Simone encendiera para guiar a las mujeres” hacia la liberté.