Esto genera límites.
Lo que se dice.
El cómo.
Sartre decía que era lo que nos igualaba a todos.
El futuro es -quizás- lo que nos libere a todos
puesto que -existencialmente- nos pro-yectamos.
Nos tiramos hacia delante.
Eso nomás.
"De un hombre que cabecea, entonces, ¿qué se puede esperar? Nada como no sea una hilera de fragmentos, espesos, en brutos. Que el mundo resplandezca en ellos, si uno de los modos del mundos es el resplandor" (Juan José Saer, "Carta a la vidente").


Para J.F. en la alegría y en la tristeza
Siempre había dicho que quería ser una escritora. Era la forma adecuada de dar testimonio del mundo, que es uno con nosotros. “La literatura tomó en mi existencia el lugar que había ocupado la religión; ella lo invadió todo y lo transfiguró” dijo alguna vez Simone de Beauvoir.
Simone construyó con Sartre una pareja abierta, con un vínculo inquebrantable, cuyas “reglas” se resumían en: viajes, poligamia y transparencia total. “La felicidad nunca cae del cielo”, es el hombre y la mujer quienes la construyen en el desgarro que implica vivir.
Siempre atenta, sincera, insoslayable, fue durante décadas el símbolo (pero también materialidad) de la lucha de la libertad de la mujer; sobre todo con la escritura de El segundo sexo (1949), “ese faro que Simone encendiera para guiar a las mujeres” hacia la liberté.

2 En mayo de 1940 comienza la “verdadera” guerra para Sartre. Hasta entonces, todo aquello había sido las vacaciones de un escritor en el frente.
Al poco tiempo lo hacen prisionero junto con otros 14 mil hombres. Son alojados en barricadas, donde duerme en el piso, donde jamás se baña.
En marzo de 1941 es liberado gracias a un certificado falso.
3 “El hombre debe crearse su propia esencia; arrojándose al mundo, sufriendo en él, luchando en él, es como se va definiendo poco a poco. La angustia, lejos de ser un obstáculo para la acción, es su condición misma... El hombre no puede querer sino tras haber comprendido que no puede contar nada más que consigo mismo, que está solo, abandonado en la tierra en medio de sus infinitas responsabilidades, sin ayuda ni socorro, sin otra meta que la que se dará así mismo, sin otro destino que el que se forjará en la tierra”.

1 Lo primero que nos revela la vida de Jean-Paul Sartre, además de la libertad del hombre y de su capacidad creativa, es la necesidad existencial de la escritura. El acto de escribir no sería un oficio ni una impostura, sino una necesidad vital que se desarrolla en la (inútil) carrera contra el tiempo que transita el hombre arrojado (o “eyectado” si se prefiere una palabra heideggeriana) al mundo.
¿Acaso el vacío del hombre o, mejor dicho, la “nada” del sujeto que llamamos “hombre” se llenaba en el caso de Sartre con la escritura?
2 Con la lectura de Donnés inmediates de la conciencie de Bergson, Sartre descubre la filosofía. (1924).
3 Escribe a los 21 años: “Es la paradoja del espíritu que el hombre, cuyo trabajo es crear lo necesario, no pueda elevarse así mismo hasta el nivel del ser, como esos adivinos que predicen el porvenir de los demás pero no para sí mismos. Por eso, en el fondo del ser humano, como en el fondo de la naturaleza, veo la tristeza y el aburrimiento... Somos tan libres como se quiera, pero impotentes... Pero lo demás, la voluntad de poder, la acción, la vida, no son más que vanas ideologías. En ninguna parte hay voluntad de poder. Todo es demasiado débil: todas las cosas tienden hacia la muerte. La aventura, sobre todo, un engaño, es decir, esa creencia en conexiones necesarias que sin embargo existirían. El aventurero es un determinista consecuente que se supone libre. Somos desgraciados, pero más simpáticos”.
Estas palabras del joven Sartre, manifiestan el pensamiento de que la conciencia de finitud propia del hombre moderno es lo que lleva a ver al mundo como una cosa fútil y con poco sentido.
4 Conoce a Simone de Beauvoir (desde aquí El Castor). Jean-Paul impone sus leyes a la relación que mantendrá con el Castor: los viajes, la poligamia, la transparencia. La relación dura 51 años, cuando él muere.
Se tratan de usted.
