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Proyecto


Lo obvio: estamos anclados en la contemporaneidad.
Esto genera límites.
Lo que se dice.
El cómo.
Sartre decía que era lo que nos igualaba a todos.
El futuro es -quizás- lo que nos libere a todos
puesto que -existencialmente- nos pro-yectamos.
Nos tiramos hacia delante.
Eso nomás.


siendo mirando


Los lugares que habitamos, los objetos de los cuales hacemos nuestro mundo, las personas que nos rodean. Todo aquello lo podemos atrapar en el juego ilusorio del lenguaje. Queremos contenerlas en palabras, porque se nos escapan, se nos fugan, se nos pierden en la infinidad sentidos. Fijamos lo imposible. Nos detenemos en cualquier lugar. Alguien pasa y nos mira y nos congela; somos meros objetos para él. "Somos mirados en un mundo mirado", dice Sartre. Pero, así y todo, nos fugamos como las cosas en la multiplicidad del mundo. Escapamos de las miradas por miedo a no ser. Y así vamos por la vida. Siendo, mirando, tratando de seguir en la inmensa libertad de la que somos capaces.

Simone


Para J.F. en la alegría y en la tristeza

Siempre había dicho que quería ser una escritora. Era la forma adecuada de dar testimonio del mundo, que es uno con nosotros. “La literatura tomó en mi existencia el lugar que había ocupado la religión; ella lo invadió todo y lo transfiguró” dijo alguna vez Simone de Beauvoir.

Simone construyó con Sartre una pareja abierta, con un vínculo inquebrantable, cuyas “reglas” se resumían en: viajes, poligamia y transparencia total. “La felicidad nunca cae del cielo”, es el hombre y la mujer quienes la construyen en el desgarro que implica vivir.

Siempre atenta, sincera, insoslayable, fue durante décadas el símbolo (pero también materialidad) de la lucha de la libertad de la mujer; sobre todo con la escritura de El segundo sexo (1949), “ese faro que Simone encendiera para guiar a las mujeres” hacia la liberté.

escrituras



1 A fines de 1939, Jean-Paul Sartre es “movilizado” por el ejército francés y cumple funciones en el cuerpo meteorológico junto a cuatro compañeros. Sus tareas en la milicia le dejan mucho tiempo para poder escribir. Un poco para evadirse, comienza un diario personal en un cuaderno de cuero negro, obsequio de Simone. Escribe en forma frenética hasta el punto que cambia de guardia con el cabo Pierre para poder continuar con su cometido. En solo día llega a escribir 80 páginas. Otro, 30.

2 En mayo de 1940 comienza la “verdadera” guerra para Sartre. Hasta entonces, todo aquello había sido las vacaciones de un escritor en el frente.

Al poco tiempo lo hacen prisionero junto con otros 14 mil hombres. Son alojados en barricadas, donde duerme en el piso, donde jamás se baña.

En marzo de 1941 es liberado gracias a un certificado falso.

3 “El hombre debe crearse su propia esencia; arrojándose al mundo, sufriendo en él, luchando en él, es como se va definiendo poco a poco. La angustia, lejos de ser un obstáculo para la acción, es su condición misma... El hombre no puede querer sino tras haber comprendido que no puede contar nada más que consigo mismo, que está solo, abandonado en la tierra en medio de sus infinitas responsabilidades, sin ayuda ni socorro, sin otra meta que la que se dará así mismo, sin otro destino que el que se forjará en la tierra”.

Apuntes sobre Sartre


1 Lo primero que nos revela la vida de Jean-Paul Sartre, además de la libertad del hombre y de su capacidad creativa, es la necesidad existencial de la escritura. El acto de escribir no sería un oficio ni una impostura, sino una necesidad vital que se desarrolla en la (inútil) carrera contra el tiempo que transita el hombre arrojado (o “eyectado” si se prefiere una palabra heideggeriana) al mundo.

¿Acaso el vacío del hombre o, mejor dicho, la “nada” del sujeto que llamamos “hombre” se llenaba en el caso de Sartre con la escritura?

2 Con la lectura de Donnés inmediates de la conciencie de Bergson, Sartre descubre la filosofía. (1924).

3 Escribe a los 21 años: “Es la paradoja del espíritu que el hombre, cuyo trabajo es crear lo necesario, no pueda elevarse así mismo hasta el nivel del ser, como esos adivinos que predicen el porvenir de los demás pero no para sí mismos. Por eso, en el fondo del ser humano, como en el fondo de la naturaleza, veo la tristeza y el aburrimiento... Somos tan libres como se quiera, pero impotentes... Pero lo demás, la voluntad de poder, la acción, la vida, no son más que vanas ideologías. En ninguna parte hay voluntad de poder. Todo es demasiado débil: todas las cosas tienden hacia la muerte. La aventura, sobre todo, un engaño, es decir, esa creencia en conexiones necesarias que sin embargo existirían. El aventurero es un determinista consecuente que se supone libre. Somos desgraciados, pero más simpáticos”.

Estas palabras del joven Sartre, manifiestan el pensamiento de que la conciencia de finitud propia del hombre moderno es lo que lleva a ver al mundo como una cosa fútil y con poco sentido.

4 Conoce a Simone de Beauvoir (desde aquí El Castor). Jean-Paul impone sus leyes a la relación que mantendrá con el Castor: los viajes, la poligamia, la transparencia. La relación dura 51 años, cuando él muere.

Se tratan de usted.

5 Raymond Aron le trae noticias sobre la filosofía alemana. Lee la Théorie de l´intuition dans la phénomenologie de Edmund Husserl. En esa misma época escribe y rescribe lo que será La nausea.

Jean Paul Sartre: Filosofía y Literatura


“La angustia, lejos de ser un obstáculo para la acción,
es su condición misma...”
J. P. Sartre en una entrevista

La literatura en particular, y la escritura en general, se dan en Sartre de una forma única: la experiencia existencial del hombre frente al vacío –esa angustia frente a la “nada”– no constituye un freno sino el impulso creador del escritor. “El vacío. Para un escritor es la oportunidad. Cuando no se tiene nada que decir se puede decir todo”, nos dice Sartre (Sartre, 1973: 9).
Pero, sobre todo, la escritura no sería en él un mero oficio ni un reflejo, sino que ese acto creador –que se da sólo en esa construcción social que llamamos “Hombre” y que siempre es “contra natura”, como respondería en alguna parte el filósofo León Rozitchner[1]– sería una necesidad propia de la existencia de Jean-Paul Sartre. Porque, como él mismo lo fundamentaría desde su filosofía, el Hombre, “tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho”, (Sartre, 1990: 16). La “nada”, tanto en el hombre como en la literatura, está en el inicio y por eso aparece la creación humana. Porque, al no estar determinados por Dios, por ejemplo, tenemos que crearnos a nosotros mismos; lo sepamos o no, lo queramos o no. Al no haber algo así como “naturaleza humana” o una “esencia humana” –“ni Dios para concebirla”, dice Sartre en la conferencia El existencialismo es una humanismo– es al hombre al único que le cabe su propia construcción. De allí el sentido de la célebre frase: “La existencia precede a la esencia”. Primero existimos, luego nos creamos, para expresarlo esquemáticamente.
En este sentido, la literatura no escapa a esta concepción, sino que forma parte integral de ella. En efecto, la literatura es un perpetuo hacerse sobre el sentimiento de vacío y de angustia del escritor. Porque no se es nada, se hace algo. Es por ello que, en primer lugar, podemos nominar a la literatura sartreana como una “literatura existencial”: no sólo por sus temas –la libertad, la elección irremediable, la angustia, el vacío del Hombre– sino también por la concepción que se hace de ella[2].



Bibliografía
–Sartre, Jean-Paul, El existencialismo es un humanismo, Buenos Aires, Ediciones del 80, 1990.
–Sartre, Jean-Paul, Situations IX, “El escritor y su lenguaje” y otros textos, Buenos Aires, Editorial Losada, 1973.
[1] VVAA, Revista La Biblioteca fundada por Paul Groussac, números 2 y 3 (edición doble), invierno de 2005, pag. 23.
[2] Al no haber una “esencia” pre-dada en la literatura, el hombre puede crear esta disciplina con las herramientas que tiene a mano.